¿Cómo están aprendiendo nuestros niños y jóvenes a ser hombres y a ser mujeres? Esa es una de las preguntas que deberían responderse las autoridades cuando decidan abordar de manera integral uno de los principales problemas de convivencia que tiene nuestra sociedad, la violencia de género.

El reparto de roles y funciones que se hace desde la más tierna infancia -dentro de los hogares y también en el aula- marca sin duda alguna la construcción de una identidad masculina y una femenina. Roles y rasgos de conducta que niñas y niños irán adoptando como adecuados y correctos en su camino hacia la adultez, sin ser conscientes de que pueden estar siendo programados para establecer relaciones de por vida desde un plano de desigualdad.

Ser educado en un plano de igualdad, sin diferenciar que hay rasgos y emociones propias de hombres y otras de mujeres, se reconoce como la mejor manera de prevenir la violencia de género entre aquellos que terminan ejerciéndola o siendo víctima de aquella. La desigualdad entre géneros, coinciden todos los expertos con un enfoque de derechos, no es otra cosa que la expresión más extrema de la desigualdad que se palpa cotidianamente entre mujeres y hombres. La brecha salarial entre éstos no es más que la versión aparentemente inocente de otras brechas mucho más violentas.

El recién publicado informe del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud revela -entre otros- el dato de que entre los adolescentes y jóvenes españoles de 14 a 19 años más de ocho de cada diez (es decir, prácticamente todos) afirma conocer o haber conocido algún acto de violencia en las parejas de su edad.

A tiempo para erradicarlas

El acierto del informe, no es el primero que en este sentido publica el Centro Reina Sofía, está en tratar de mostrar y analizar las raíces de la violencia que ejercen los chicos contra las chicas en una franja de edad en la que la permeabilidad de las conductas todavía da para erradicarlas. En la adolescencia y los inicios de la juventud es posible la re-educación de las creencias que justifican un trato desigual a las mujeres que conlleva violencia en un número preocupante de relación de pareja.

Los estereotipos que como individuos y colectivo inyectamos desde la infancia a adolescentes y jóvenes explican que más de la mitad (56%) defina a las chicas como sensibles y tiernas, y dos de cada tres (66%) a los chicos como dinámicos y activos. No es de extrañar, por tanto que entre los adolescentes y jóvenes españoles de 14 a 19 años, ellas sean percibidas más capaces de comprender a los demás, dar cariño y reflexionar, y ellos más decididos y mejores para el deporte y la tecnología. Estas creencias tienen como única base científica que las niñas y niños son como esponjas y aprenden y adquieren creencias e ideas que terminan determinando sus roles y sus relaciones. Alguien no nace comprensivo sino que se educa en aceptar y comprender, al igual que no se nace decidido sino que es la seguridad personal la que nos lleva a tomar decisiones en nuestras vidas. La inteligencia emocional no distingue de géneros, eso es algo que Daniel Goleman ya dejó muy claro.

De hecho adolescentes y jóvenes están de acuerdo en que a las chicas se las discrimina más que a ellos en el trato doméstico o laboral, si bien (y esto debería hacernos pensar) las diferencias que tienen las chicas respecto a esa discriminación de trato es mucho mayor que tienen los chicos. El 64% de las chicas dicen que hay un trato diferente en la distribución de tareas domésticas mientras que en el caso de los chicos lo afirma un 48%. A la hora de pedir un trabajo también tienen diferente impresión chicas que los chicos aunque coincidan; casi la mitad de ellas (47%) piensa que el trato es diferente (peor) por ser mujer, algo que reconocen el 39% de los chicos.

Sin embargo, y a pesar de estar de acuerdo en la teórica desigualdad de trato, las ideas de que él es el fuerte y ella la que aguanta siguen estando muy presentes entre la población joven de España. Sin duda, esto tiene un reflejo directo en cómo se colocan dentro de la relación de pareja. Entre chicos y chicas, de manera separada, hay una creencia común y es que el chico debe proteger a su pareja. Así lo creen mayoritariamente un 67% de los chicos y un 53% de las chicas.

De manera muy significativa, aunque aparentemente representen una minoría, algo más de uno de cada tres chicos (35%) ve normal los celos dentro de la relación de pareja, y prácticamente en idéntica proporción, el 29% de chicas también lo ve así. Pero quizá de la valoración de los tópicos sobre las relaciones de pareja que se hace en el estudio entre los jóvenes de entre 14 a 19 año, lo más preocupante es la creencia que tienen ellos (uno de cada cuatro) de que la mujer necesita el amor de la pareja para sentirse realizada, algo que en el caso de las chicas solo lo piensa una de cada diez (afortunadamente).

El sexo

Pero ¿qué piensan respecto a las relaciones sexuales los adolescentes y jóvenes españoles? De manera inequívoca, y sin distinguir entre chicas y chicos, lo más importante para ambos sexos es la fidelidad. Así lo piensan nueve de cada diez chicas y ocho de cada diez chicos si bien la fidelidad, a ojos de las chicas, es cosa suya cuando el 30% piensa que son más fieles que los chicos algo que solo piensa un 15% de éstos. La creencia de que los chicos son más promiscuos también predomina más entre las chicas (29%) frente a los chicos (21%).

Cuando se deja el mundo de las creencias asociadas a conductas para pasar al de las ideas, la percepción que tienen nuestros adolescentes respecto a la desigualdad entre mujeres y hombres es aplastante: solo el 1% de los jóvenes considera que no existen diferencias entre hombres y mujeres adultos. Sin embargo, es esta zona gris la que nos interesa, pues probablemente es en ella donde se están dando las conductas de control y agresión hacia las mujeres, tanto a través de la violencia física como la psicológica (la más difícil de probar). Esta zona gris la ocupa uno de cada cuatro jóvenes que tienen la impresión de que las diferencias entre género son pequeñas o muy pequeñas.

Desde el mundo de las hipótesis diríamos que es posible que, sea en esta zona gris, donde se sitúen los adolescentes y jóvenes que justifican conductas de control sobre sus parejas, sin embargo los datos del estudio presentado por el Centro Reina Sofía nos muestran porcentajes mucho mayores al uno de cada cuatro de los que creen que la desigualdad entre mujeres y hombres es mínima. Cuando se les pregunta a adolescentes y jóvenes (chicas y chicos) por los actos de violencia contra la pareja que han podido observar cerca de ellos nos encontramos con que más del 80% de los adolescentes españoles afirma conocer algún acto de violencia en parejas de su edad.

Comportamientos ‘aparentemente’ inofensivos

El estudio analiza de manera muy sugerente también comportamientos aparentemente ‘inofensivos’ que se podrían justificar en esa valoración tan alta que unos y otros tienen de la fidelidad. El 63% conocen a chicas que revisan el móvil a su pareja, una proporción poco superior a la del 59% que sabe de chicos que lo hacen. Más de la mitad (53%) sabe de chicos que le dicen a su pareja con quien puede hablar, algo que en el caso de las chicas solo es sabido por cuatro de cada diez. Si les preguntamos si saben de actos de control sobre todo lo que hace su pareja o dónde está, las respuestas corresponden a un grado de posesividad de las relaciones de pareja preocupante. El 48% conoce a chicos que controlan todo lo que hace su pareja, algo que también les pasa a las chicas (el 45% dice saber de esta práctica). A la hora de controlar donde está la pareja el 40% sabe de chicas que lo hacen, una conducta que parece ser levemente menor en los chicos (37%).

Es precisamente una extensión de ese grado de posesividad y posesión de la vida e intimidad del otro lo que se puede interpretar al conocer los porcentajes de chicos que conocen parejas que difunden imágenes, SMS, etc. de sus parejas sin el permiso de éstas. En el caso de los chicos, uno de cada tres dice conocer este tipo de prácticas mientras que en el caso de las chicas solo una de cada diez dice conocer a quienes se permiten esta licencia intolerable. Y en este punto, en el de pasar a la acción, pasar del control a la agresión (si bien el control no deja de ser una forma de agresión) donde se observan la predominancia de estas conductas entre los chicos frente a las chicas. El 31% dicen conocer chicos que envían SMS asustando, ofendiendo etc. frente al 11% de quienes dicen conocer a chicas que lo hacen; el 30% conoce chicos que han obligado a su pareja a hacer cosas que no quiere; el 28% a chicos que han insistido en tener sexo con su pareja frente al 6% que conoce a chicas que han insistido en esta materia; el 28% conoce a chicos que han pegado a su pareja mientras que el 14% de chicas también lo reconocen.

La desigualdad entre hombre y mujer no es algo natural, la diferencia sí lo es. La desigualdad se construye, y son las sociedades y las culturas las responsables de cómo somos como hombres y como mujeres. La igualdad de género y la violencia están estrechamente vinculadas, enseñemos a nuestras niñas, niños, adolescentes y jóvenes a ser mujeres y hombres sin distinguir entre fuertes y débiles. La mejor manera de amar a alguien es no necesitarle y desde luego, la forma de que libremente te amen no es bajo amenaza ni control. Eso nunca ha sido ni es amor.

Violeta Assiego

Periódico El Mundo

@vissibles

*Violeta Assiego es Investigadora, analista y abogada. Especialista en vulnerabilidad y derechos humanos*

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