Lourdes seminario

Lourdes Contreras en la apertura del seminario

SANTO DOMINGO.- La sociedad dominicana no resiste más el peso de la indolencia de un sistema de partidos genuflexo ante poderes eclesiales, con las consecuencias de dolor y muerte que esto acarrea sobre las mujeres, tanto con el feminicidio como con la despenalización del aborto, como establece el recién aprobado Código Penal, sostuvo Lourdes Contreras, coordinadora general del Centro de Estudios de Género de Intec (CEG-INTEC).

El discurso de Contreras dio apertura al seminario Legislación Garante de los Derechos de las Mujeres, convocado por el CEG-INTEC en coordinación con la Comisión de Equidad de Género de la Cámara de Diputados, además de Profamilia y la Unión Europea.

A continuación el texto íntegro de la intervención de la dirigente feminista.

 

Seminario “Legislación garante de derechos de las mujeres. Roles y retos de los sectores educación, salud y justicia”.

Centro de Estudios de Género y  Comisión de Género de la Cámara de Diputados.

Palabras de Lourdes Contreras, Coordinadora General del Centro de Estudios  de Género, CEG-INTEC en la apertura del Seminario

En cualquier momento y circunstancia tiene sentido el planteamiento de la revisión del marco jurídico en que se sustenta el ejercicio de derechos en un país.

En estos momentos para las mujeres en RD resulta imprescindible y urgente, considerando que el momento actual se caracteriza por un serio cuestionamiento al Estado de Derecho.

Esto se observa en el desconocimiento de derechos inalienables que son negados, a pesar de que se hallan  plasmados en la propia Constitución vigente, que aún dentro de las grandes contradicciones que contempla, postula como derecho fundamental la prohibición de cualquier acto que tenga como objeto o resultado la anulación del goce o ejercicio en condiciones de igualdad de estos derechos por parte de mujeres y hombres, al tiempo que compromete al Estado a promover medidas para garantizar la erradicación de la desigualdad.

Como marco de referencia en la apertura de este Seminario me permito destacar cuestiones básicas que marcan la reflexión del momento actual, interrogándonos sobre la validez, no solo de las decisiones sino de los propios mecanismos que el país se ha dado para el aseguramiento de derechos fundamentales y sobre los cuales se ha impuesto reversión, a través de instancias tales como el Tribunal Constitucional  y  otras que se suponen tienen como función la garantía para el ejercicio de derechos.

A propósito de este 25 de noviembre, en nombre de esos símbolos que la historia reciente nos ha dado, enarbolamos el derecho al pensamiento político y a la libertad, encarnados en Minerva Mirabal, el derecho al trabajo y a la defensa de la tierra como lo reivindicó Mamá Tingó, y el derecho a  decidir por la vida de las mujeres frente a un embarazo que la amenaza, como lo simbolizó “Esperancita”, muerta ante la indolencia de un sistema de salud que, obedeciendo mandatos religiosos,  en  lugar de responder a la función pública,  le negó la atención necesaria y oportuna para salvar su vida.

Estamos en un momento crítico de nuestro proceso político.

La sociedad dominicana no resiste más el peso de la indolencia de la estructura de un sistema de partidos genuflexo ante poderes eclesiales, con las consecuencias de dolor y muerte sobre las mujeres, tanto con el feminicidio como con la despenalización del aborto, tal y como lo determina el recién aprobado Código Penal.

Con este espacio de intercambio estamos tratando de propiciar un diálogo entre pares.

Por un lado mujeres y organizaciones demandantes de derechos, y por otro  lado, diputados y diputadas, en su responsabilidad legislativa, para garantizar el ejercicio de derechos o para fiscalizar a los otros poderes públicos, y además, considerar los proyectos como el que crea el sistema integral de atención a la violencia y el de salud sexual y salud reproductiva, que nos convocan en estos momentos.

Sin pretender hacer grandes recuentos sobre la progresividad en el reconocimiento de derechos que de manera permanente hemos tenido que reclamar las dominicanas, lo concreto es que el proceso para las conquistas ha sido arduo, y a veces decepcionantes. Por ejemplo en el caso del derecho al voto, que ha servido más para validar posiciones individuales y partidarias de varones que para producir cambios en las relaciones sociales entre mujeres y hombres.  En el caso del derecho de ir a las aulas a formar profesionales cuya labor no se compensa en igualdad de remuneración, o no se reconoce de manera similar en el espacio laboral, o en el caso  del reconocimiento del valor del trabajo reproductivo, que ha sido desconocido aunque esté plasmado en la letra del mismo texto constitucional, cuando  expresa el reconocimiento del trabajo del hogar como actividad económica que crea valor.

Sin embargo,  la constante ha sido la distancia entre derechos consagrados y derechos ejercidos, precisamente por las trabas  que se mantienen a nivel de la conciencia, por parte de quienes tienen que tomar decisiones a fin de que los textos se expresen con claridad y precisión, y que no estén sujetos a interpretaciones.

En esos órdenes han estado centradas las luchas del movimiento feminista y de mujeres en el país, desde la crítica al androcentrismo expresada en la tradicional división sexual del trabajo, -trabajo productivo y reproductivo-, para construir una agenda política hacia el derecho a una vida libre de violencias,  y el ejercicio de derechos sexuales y reproductivos, cuya postergación no aceptamos y por el contrario enrostramos cada vez con más fuerza, aupadas por la valentía de quienes los ejercen a contrapelo de las consecuencias, porque la vida se lo impone.  Esas son las miles de jóvenes  que se asumen como entes en ejercicio de derechos en todos los órdenes, y se practican un aborto aunque después se quieran ir a confesar, porque no les  importan los riesgos.

Quisiéramos que este espacio de intercambio del día de hoy pueda servir para repensar la necesidad de transformaciones económicas, políticas y culturales de la condición humana, y estas concebidas desde las leyes que norman la convivencia.

Es un propósito del CEG-INTEC en cumplimiento del compromiso de todo espacio académico que apunta a contribuir al desarrollo humano.

 

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